Escarlatina, la cocinera cadáver

-Román, ¡cualquier día te meto en la lavadora con ropa y todo!

Mamá es guay, pero a veces se enfada. A mí eso de estar dando vueltas en el tambor de la lavadora durante setenta y cinco minutos, que es lo que dura el ciclo para manchas difíciles, no me hace mucha gracia. Un día metí a Dodoto, mi gato, para ver cómo reaccionaba. No dejaba de maullar con cara de susto y de golpear con las patitas delanteras contra la tapa transparente. Traté de explicarle que el experimento era por el bien de los dos y tal vez de toda la humanidad, y que por mucho que protestase no tenía pensado sacarlo de allí dentro. Eché detergente y suavizante con olor a fresa, pensando en que sería fantástico que Dodoto oliese a fresa, y le di al botón de encendido. Justo cuando la lavadora empezó a hacer el ruido de estar cogiendo agua, apareció mamá como por arte de magia. A veces pienso que lleva un radar incorporado dentro de la cabeza, ¡siempre aparece cuando no debe!

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